La semana laboral de cuatro días: una idea latente

Cada vez más, la idea de reducir la semana laboral a cuatro días y tener tres de descanso percibiendo el mismo salario está cobrando más fuerza en nuestra sociedad.

Recientemente, una empresa neozelandesa ha llevado a cabo un estudio en el que se ponía esto en práctica. Los resultados que han obtenido de ello han sido muy positivos, tanto en lo referente al estado de ánimo de los trabajadores como a nivel de productividad y rendimiento de la plantilla. El nivel de estrés de los empleados disminuyó y la satisfacción aumentó ya que la mayoría coincidía en que este cambio les permitía equilibrar en mayor medida su vida laboral con la familiar. Como consecuencia de este cambio, el compromiso y sentimiento de empoderamiento en el trabajo también mejoraron. Esto se traduce en mayor productividad gracias a una mayor eficiencia.

Si este ensayo se extendiera a todas las industrias y sectores, se lograría un mejor balance entre vida personal y el trabajo.

En la década de los sesenta, se especulaba sobre algo parecido: en ese momento se creía que la invasión de la tecnología conllevaría que la jornada semanal se redujera a 20 horas. Pero entonces no se tenía en cuenta que la tecnología destruye unos puestos de trabajo y crea otros nuevos. En consecuencia, a día de hoy, seguimos con las jornadas de 40 horas semanales.

Si tenemos en cuenta otros estudios realizados alrededor del mundo, vemos que la idea de reducir la jornada laboral no es algo tan descabellado: uno de ellos demuestra que los jóvenes de hoy en día se sienten más estresados en el trabajo que sus mayores; en Reino Unido, una encuesta realizada recientemente, muestra que un gran porcentaje de mujeres tienen el sentimiento de trabajar más por tener que encargarse de otros temas familiares y un 69% de los padres prefieren beneficios sociales, como guarderías, antes que subidas salariales. Además, varios sindicatos británicos ya reclaman esa semana de cuatro días.

Si unimos estos resultados con el aumento de la productividad y eficiencia que se demostró con la prueba realizada en Nueva Zelanda, vemos que esta reducción de tiempo de trabajo beneficia tanto a trabajadores como empresas. El debate está latente y la irrupción de la tecnología puede facilitar este cambio en los próximos años.

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